
Domingo en el mercado. 9. 50 am. Gente por los puestos de verdura, gente en los puestos de pescado, de carne, de comida lista. Gente en las góndolas de semillas y delicattesens. Gente en el área de las florerías, de los accesorios de belleza y de las chucherías. Gente. Mucha y en todos lados.
-¿Qué llevas ahí?, un vendedor desconfiado pregunta y un niño se asusta, no contesta y huye.
En el centro de la escena, que a pesar del tumulto permanece calmo, aparece corriendo un niño sucio y descalzo llevando algo imperceptible en su mano, y en su paso, que se siente en la muchedumbre como un huracán, tropiezan transeúntes, vuelan naranjas, se distraen los compradores y se agolpan algunas vecinas para señalar en el colorido paisaje al fugaz paseante. A medida que avanza, los perros que descansan a la sombra de las tolderías se le suman en carrera, colaborando con el caos y el aturdimiento. Las señoras coquetas agarran fuerte su cartera y aseguran sus sombreros. “La inseguridad”, se quejan. Los puesteros insultan en voz alta al niño, a los perros, a los pedigüeños, a los funcionarios públicos, al presidente y a toda la humanidad, a toda menos a las señoras coquetas, por supuesto, que los miran horrorizados pero orgullosas secretamente de haber sido esquivadas en el injurio.
Uno de los guardias avisa por radio a sus compañeros y comienza la caza. El niño mira para atrás y ve a los curiosos, a los policías y a los perros. Comienza a correr más fuerte. Se resbala pero sigue corriendo. Llora. De un pasillo, una mano grande y segura le encaja un golpe de puño en la panza. Un policía se le ha anticipado. El público vitorea la caída del fugitivo, quien se desploma en el suelo sin aire y ahí boca abajo permanece inerte unos segundos. Van llegando el resto de los uniformados. Lo patean para que se de vuelta, mientras sigue llorando y aferrando con fuerza lo que lleva entre sus dedos. Entre dos, logran rescatar una cadenita que parece ser de plata con un dije en forma de corazón. Sin intercambiar palabras, se llevan al infante esposado.
Domingo en el mercado. 9. 45 am. Un niño sucio y descalzo gasta todos sus ahorros del año en comprarle a su mamá, para él la más linda y la más buena, el mejor regalo del Día de
María Florencia Aliaga
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